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miércoles, 18 de marzo de 2009

Silencio Blanco


por Hilda Henríquez de Flores

Los días opacos,
quién lo diría…
Silencio blanco,
suavidad de las horas
para dejarse llevar por honda calma
al corazón de la seda,
y sentir en lo oculto
el ámbar germinando,
la luz del pensamiento
sobre el cielo y las horas.

jueves, 26 de febrero de 2009

Extensión de mi Ser


por Hilda Henríquez de Flores


Fue una corola de luces diseminadas
donde todo crecía y transformaba,
volviéndose movimiento,
plegaria,
afán.
Indefensa, débil, mínima,
creciendo en mí.
Una extensión de mi ser.
Sin ella no puedo ahora ser quien soy.
Sin ella la seda se quedaría en el capullo,
el trigal ocultaría su pan,
no dibujaría la idea de mi mente.
Sin ella no tendría lenguaje mi caricia.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Dolor por la muñeca


por Hilda Henríquez de Flores


La niña no quiere a su muñeca.
La muñeca es renuevo de la vida,
la vida palabra, alas , esperanza.
Pero la niña cierra sus pupilas.

Sobre el lecho esta más sola que nunca.
Quieta como guirnalda desgajada.
Muda como dolor que no se queja
Ausente, en vuelo su alma, sin palabras.

Anoche soñó con una muñeca
de maíz hecha y ojos que relumbran.
Con otras niñas jugaba de rondas,
risas y cantos, dibujando lunas.

Anoche soñó cuando era una princesa.
Cuando la espina amarga, más amarga
que el fuego, vino a consumir su ensueño.
Hecha un ovillo se quedó sin alma.

Desnuda el día todos sus recuerdos.
Reitera el sueño surcos que no mueren.
Anoche despertó en martes de lluvia.
Madre, ¿por qué los cardos me florecen?

La madre llora junto a las dos muñecas.

Función de la Poesia

por Hilda Henríquez de Flores


La poesía, igual que a las demás artes es parte de la expresión cultural de los pueblos.
Podemos decir que la poesía tiene dos funciones: La personal, la social.
La poesía inicia como una complacencia personal de crear belleza, y a la vez es una catarsis de la subjetividad del poeta, evidenciando las facetas de su alma: Su alegría o dolor, así como la forma de interpretar la vida y el mundo que lo rodea.
Hacer poesía produce gozo. Esta virtud del poeta le permite crear un mundo más hermoso que la realidad donde está inmerso. Esa creación sublime, es la esencia de la poesía.
La poesía tiene ventaja sobre las demás artes, porque su medio de expresión es la palabra, y la palabra es universal.
Cuando la poesía es comunicada a los demás entra en otro ámbito, que es el social. Es así como la poesía ha estado presente siempre en todas las culturas.
Las personas siempre se han deleitado escuchando producciones literarias, muchas de ellas son arreglos musicales.
La poesía como creación de belleza es posible en todos los pueblos. Siempre existen hombres y mujeres, dotados de la vocación para hacer poesía. Ha sido tanta su trascendencia, que ha desarrollado su propia técnica para su mejor escritura, es decir que el poeta tiene que aprender el oficio, tener disciplina como escritor, adquirir cultura general para que su obra literaria tenga valor. De esa manera despertará un sentimiento en los lectores y se le dará el verdadero valor de la poesía. Cuando la obra es de gran valor, trasciende las fronteras y se universaliza.

domingo, 1 de febrero de 2009

Antorcha del tiempo



por Hilda Henríquez de Flores

Bajo el tenue sol, la tarde es un remanso suspendido en la luz. Vagan en el cielo rebozos de colores.
Alas y cantos hacen rondas con el viento. Tras la montaña, la antorcha del tiempo se oculta con lentitud de siglo. Asisten a su viaje, el monte que espera en la penumbra, un espejo que guarda los días y las noches, un florido listón de plata ciñendo la arboleda. Se llena de calma el bosque cercano, la placidez se acoge sobre el valle distante.
Hombres y mujeres vuelven a sus casas a refugiar su afán. Detienen los niños su impulso en movimiento. Las manos de una madre, prodigarán el pan. El crepúsculo dulce, dulcifica las horas, serena las almas.
Brisas y huracán, selva y desierto, día y noche, sombra y color. Tiempo sin memoria, el sol que no claudica, ajeno a nuestra historia.

lunes, 27 de octubre de 2008

Los campos de mi niñez


Hilda Henríquez de Flores

Mi visión era un manto
de luces amarillas,
apacibles, confundidas
entre el recuerdo esmeralda del perico.
Quién tenía de los ángeles la esencia
contemplando el color de la distancia
se dejaba llevar sobre su gasa
como soñando sobre el aureo tiempo.

sábado, 4 de octubre de 2008

Hilda y el viento


Por Mauricio Vallejo Márquez

El Salvador


El viento puede moverse con lentitud y suavidad, a veces también puede ser calmo y casi imperceptible, otras tantas puede ser violento. Sin embargo no importa lo que haga y como sea siempre será imperceptible a los ojos, pero nunca a los sentidos, al mundo, al agua y al polvo. Así es la poesía de Hilda Flores.

Hilda no es novata en el mundo de las letras, pero con humildad se va abriendo paso en un mundo de literatos modernos que desprecian la preceptiva a cambio de la fama efímera. En cambio Hilda es una poeta con una increíble sensibilidad que conmueve. Pocas veces un poema me ha llenado de esa sensación que dan los verdaderos poetas como Luis Cardoza y Aragón, Jorge Luis Borges, César Vallejo, Hugo Lindo, Pablo Neruda, Jorge Enrique Adoum y otros. Sin embargo Hilda lo ha logrado con algunos versos como los publicados en http://es-poesía.com/ , donde podemos apreciar un material digno de cualquier antología.

el nombre completo de la poeta es Hilda Concepción Henríquez de Flores, ella nació en San Salvador el dos de julio de 1942 y jugó cuando niña en lo que ahora es la Universidad de El Salvador, justo frente a lo que ahora es la facultad de Medicina. Hilda cuenta con total ecuanimidad que aún se encuentra en ese lugar el árbol en cuya sombra jugo casi toda su niñez.
Además de poeta es profesora graduada de las Escuelas Normales y durante 30 años se encargó de formar jóvenes.

Hilda no es inédita, en el 2000 publicó “La Ventana Encantada” y esperamos que en el futuro podamos apreciar muchas más obras de ella. Mientras les presento un par de sus poemas:


POEMAS DE LA NOSTALGIA


POEMA 1

Se me acerca en el viento
la soledad del pájaro perdido,
el desamparo de la flor marchita,
la noche que no cesa.

Y mi alma en su desvelo frío
quisiera desatar el nudo que la abraza.
Tanto dolor no quiere de la rosa,
anhela la redención del beso.




POEMA 2

Viene como una mano que sofoca todo.
Comprime el aire y la belleza,
destroza la armonía del silencio.
Penetra en mí el pálido acento
de las palabras muertas.
Una raíz sin rostro
me lleva hasta el rocío,
juntas lloramos
por un dolor desconocido.
Artículo tomado de http://grupoliterariolafragua.blogspot.com/ con autorización del autor.