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miércoles, 5 de noviembre de 2008

La Visita


Guillermo Aárra

Estoy conmigo tratando de sentir
un cuerpo, un corazón o alguna razón
que masacre mis neuronas coquetas
y libere mi sangre coagulada de pena.

Me duelen mis uñas que dejaron
de rascar tu pedacito de piel inquieta
por tanto estrellarlas con mi frente
que se niega a morder el suelo tibio.

El cabello deja mi cabeza que no
encuentra ocupación si tus manos
no tocan las cuerdas de mi vida
descaradamente engañada a saliva y piel.

La cama ya reclama mi presencia mojada
cantando mis aventuras de gemidos y sudor
que embellecen las paredes de mi cuarto
y embrutecen al viento vencido por calor.

Mi oído presiente su muerte solitaria
y el silencio se instala por toda mi piel
que se vuelve pálida de miedo
y resignación por tus pasos lejanos.

La barba me crece y la escondo
para reconocer el rostro de la soledad
que el tiempo me devolvió anoche
en medio de tus melodías picantes.

Un desierto son mis labios,
ni la lengua los visita para recuperar
la humedad narcisista que perdió
cuando la apostó por tu sabiduría.

La oscuridad esclaviza mis pupilas
dilatándolas y poniendo trancas a
mis párpados con la luna de frente
y el recuerdo a mis espaldas cobardes.

Voy dejando de sentir el corazón
cuando el sol burlándose de mí
saluda y enciende la vida afuera
de mi cuarto que anochece otra vez.

lunes, 27 de octubre de 2008

Sociedad en Miseria


Guillermo Aárra

Sábana grana que cubre tu paz
descalza y en privación unos te gozan
cantando al presente en carrusel,
vendando los ojos al ciego y al que ve.

Tanta espada sonora rondando la vida
unas hijas del acecho, otras al falso tino
enmascaradas de poder carnal
investidas de divino afán.

Gritas al inmenso campo de lo alto
sin palabra que rebote a tu aliento
a aquel que de vida en vida perfuma
y de muerte en muerte tortura.

Inanición en tu vientre impaciente
que procura estocada al papel de cambio
para acumular tesoro en pocos dedos
y convidar la gracia de la espina.
25-10-2008

martes, 30 de septiembre de 2008

En el paraíso


Guillermo Aárra
Camino, sembrado en los ojos incrédulos
que se cruzan por mi existencia
creyendo que la flor es de la juventud
si es de la selva.
Alfombra negra que huele mis años,
colmada de histórica sangre y
abono de huesos zapoteños,
no se cansa de mi,
yo me afianzo cada vez más a ella.
Lo verde me sube por el peroné
de mis sueños de libertad verdadera,
que se cuelan en mis acciones y regresan
llorando injusticia mundana
más verdadera que la libertad de los sueños.
Es imposible no anaranjarse.
Me sube la pasión que la ignorancia
maligna ensañó en dejar atrás,
están listas las ganas y las armas de mi abuelo cantor
que envainó el ciprés.
Miro al cielo y lo veo azul.
No es el cielo, es el sombrero
que cubre algunas de mis espatas
y me da la certeza de mis siete testigos,
verdes de desesperación.
Vendo confianza, sinceridad, miseria de palabras
y pobreza de rencor; mi gente lo merece,
mejor la regalo en tono amarillo
más amable, más nuevo, más tiernito, más nuestro.
Mi sangre fluye del color que quieras,
pero mis acciones la necesitan roja,
luchadora, comprometida, armada
hasta las amígdalas; así la tengo,
así escribo, así respiro.
Quiero seguir...